L&S.- La diabetes y la menopausia pueden coincidir en una misma etapa de la vida y, en algunas mujeres, los cambios hormonales de la transición menopáusica pueden favorecer un terreno metabólico menos favorable. Esto no significa que la menopausia cause diabetes de forma automática, pero sí que puede aumentar la resistencia a la insulina y dificultar el control de la glucosa.
Durante estos años cambian los niveles de estrógenos y progesterona, se modifica la composición corporal y muchas mujeres empiezan a acumular más grasa alrededor del abdomen. Al mismo tiempo puede disminuir la masa muscular y hacerse más difícil mantener el mismo peso o la misma distribución corporal que antes.
Diabetes y menopausia: ¿qué relación existe?
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La transición hacia la menopausia no ocurre de un día para otro. Durante la perimenopausia las hormonas fluctúan y, progresivamente, disminuye la producción de estrógenos. Estos cambios pueden influir en la forma en que el organismo utiliza la glucosa y responde a la insulina.
Los estrógenos participan en distintos procesos metabólicos y ayudan a mantener una distribución de la grasa más favorable. Cuando disminuyen, puede aumentar la tendencia a acumular grasa visceral, especialmente alrededor de la cintura y el abdomen.
La menopausia no es un síndrome metabólico, pero en algunas mujeres puede desplazar el organismo hacia un terreno parecido: más grasa abdominal, mayor resistencia a la insulina, alteraciones de la glucosa, cambios en los triglicéridos y mayor riesgo cardiovascular. No significa que estos problemas aparezcan necesariamente, pero sí que comparten mecanismos y factores de riesgo.
¿Qué es la resistencia a la insulina?
La resistencia a la insulina aparece cuando tejidos como el músculo, el hígado o el tejido adiposo responden peor a esta hormona. Como consecuencia, el páncreas necesita producir más insulina para conseguir que la glucosa entre en las células y mantener niveles adecuados en sangre.
Durante un tiempo el organismo puede compensar esta situación produciendo más insulina. Por eso una persona puede tener una glucosa todavía normal mientras ya existe hiperinsulinemia o una disminución de la sensibilidad a la insulina.
Si el proceso progresa y el organismo deja de compensarlo suficientemente, la glucosa empieza a elevarse y puede aparecer prediabetes y posteriormente diabetes tipo 2.
Diabetes y menopausia: grasa abdominal también importa
Una de las modificaciones más frecuentes durante la menopausia es el cambio en la distribución de la grasa corporal. Incluso sin engordar demasiado, muchas mujeres observan que aumenta el perímetro de la cintura y que la grasa se concentra más en abdomen y tronco.
Este cambio no es únicamente estético. La grasa visceral, la que se acumula alrededor de los órganos abdominales, está estrechamente relacionada con la resistencia a la insulina y con un mayor riesgo cardiometabólico.
Por eso algunas mujeres sienten que su cuerpo ha cambiado aunque el peso de la báscula apenas lo haya hecho. Hay menos masa muscular, más grasa central y una respuesta metabólica que puede ser menos eficiente que años atrás.
Si ya existe diabetes, el control puede cambiar
Cuando una mujer ya tiene diabetes, la menopausia puede coincidir con cambios en el control de la glucosa. El aumento de la grasa visceral, la pérdida de masa muscular, el menor nivel de actividad o las alteraciones del sueño pueden influir en la sensibilidad a la insulina y hacer que las cifras sean menos predecibles.
No ocurre de la misma manera en todas las mujeres, pero si durante esta etapa se observan cambios persistentes en la glucemia conviene no atribuirlos simplemente a la edad y revisar de nuevo alimentación, actividad física, peso, sueño y tratamiento.
La masa muscular se vuelve especialmente importante
El músculo es uno de los principales tejidos que utiliza glucosa. Mantener la mayor cantidad posible de masa muscular ayuda al organismo a gestionar mejor los hidratos de carbono y favorece una mejor sensibilidad a la insulina.
Por eso durante la menopausia el ejercicio no debería plantearse únicamente como una forma de adelgazar. Caminar, moverse a diario y realizar algún tipo de ejercicio de fuerza adaptado a cada mujer puede ayudar a conservar músculo, proteger los huesos y mejorar la salud metabólica.
Diabetes y menopausia: Qué tipo de alimentación puede ayudar
Durante años se recomendó a las mujeres menopáusicas una dieta baja en grasas casi como norma general. Hoy sabemos que el asunto es más complejo. No todas las grasas tienen el mismo efecto y reducirlas sin más no garantiza una mejor regulación de la glucosa.
Resulta más útil reducir productos ultraprocesados, azúcares y harinas refinadas; asegurar suficiente proteína; aumentar el consumo de verduras y alimentos poco procesados; y elegir grasas de buena calidad como aceite de oliva, frutos secos, semillas, aguacate o pescado.
Los hidratos de carbono tampoco tienen por qué desaparecer, pero su cantidad y calidad importan. En una mujer con resistencia a la insulina puede ser útil observar cómo responde su glucosa a distintos alimentos y evitar comidas que provoquen subidas repetidas y pronunciadas.
¿Existen opciones naturales que puedan ayudar?
En el artículo antiguo de Línea y Salud se mencionaban recursos como la maca andina, el copalchi o el alpiste. Conviene distinguir bien su posible utilidad.
La maca se ha estudiado principalmente en relación con determinados síntomas del climaterio y no como tratamiento directo de la diabetes. Existen estudios pequeños con resultados interesantes, aunque la evidencia sigue siendo limitada.
El copalchi tiene una larga tradición de uso relacionada con el control de la glucosa y existen investigaciones experimentales sobre algunos de sus compuestos, pero llamarlo «insulina vegetal» puede inducir a error. No sustituye a la insulina ni a un tratamiento indicado.
Con el alpiste también existen estudios preliminares sobre ciertos componentes, pero todavía no hay evidencia suficiente para considerarlo un tratamiento establecido de la diabetes.
Que una opción natural no disponga aún de grandes ensayos clínicos no significa que carezca de interés. Puede existir una base tradicional, un mecanismo plausible o estudios pequeños que justifiquen seguir investigándola. Lo importante es diferenciar entre lo demostrado, lo prometedor y lo todavía experimental.
La menopausia puede ser un buen momento para vigilar la glucosa
Esta etapa puede ser una buena oportunidad para comprobar cómo está funcionando el metabolismo, sobre todo si existen antecedentes familiares de diabetes, aumento del perímetro abdominal, hipertensión, triglicéridos elevados, sobrepeso o antecedentes de diabetes gestacional.
Una glucemia en ayunas y la hemoglobina glucosilada pueden ayudar a detectar alteraciones antes de que aparezca una diabetes manifiesta. En nuestro artículo sobre glucosa en sangre explicamos cómo interpretar este proceso y por qué una cifra aislada no siempre cuenta toda la historia.
La diabetes y la menopausia no tienen por qué ir necesariamente juntas, pero la transición hormonal puede favorecer cambios que aumenten el riesgo metabólico. Conocerlos permite actuar antes, conservar músculo, cuidar la alimentación y vigilar la glucosa cuando sea necesario.
Fuentes y lecturas de interés
- Revisiones sobre menopausia, composición corporal, resistencia a la insulina y riesgo cardiometabólico. Consultar en PubMed.
- Estudios sobre cambios en grasa visceral y masa magra durante la transición menopáusica. Consultar en PubMed.
- Investigaciones sobre actividad física, masa muscular y sensibilidad a la insulina en mujeres de mediana edad. Consultar en PubMed.
Este contenido tiene finalidad divulgativa y no sustituye una valoración médica individual. Si existe diabetes, prediabetes o tratamiento con insulina u otros medicamentos para reducir la glucosa, cualquier cambio importante en la alimentación, los suplementos o la medicación debe valorarse de forma individual.
Sobre la autora
Beatriz es directora de contenido de Línea y Salud. Desde hace años trabaja en divulgación sobre salud, nutrición y bienestar con un enfoque claro, práctico y pensado para lectores no especializados.

