L&S.- El suelo pélvico es un conjunto de músculos y tejidos que sostiene los órganos situados en la parte baja de la pelvis y participa en funciones tan distintas como la continencia urinaria y fecal, la estabilidad de la zona pélvica y la respuesta sexual.
Aunque durante muchos años se habló de él casi exclusivamente en relación con el embarazo, el parto o la menopausia, el suelo pélvico está presente y trabaja durante toda la vida. También lo tienen los hombres, aunque en este artículo nos centraremos en la mujer y especialmente en su relación con la sexualidad.
Suelo pélvico y relaciones sexuales
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Los músculos del suelo pélvico participan activamente durante la excitación y el orgasmo. Algunas de sus fibras rodean la vagina y contribuyen a las contracciones que aparecen durante la respuesta sexual, mientras que otras colaboran en el sostén y control de toda la región.
Por eso no resulta extraño que exista relación entre el estado funcional de estos músculos y determinados aspectos de la vida sexual. Una revisión sistemática y metaanálisis publicada en 2024 encontró una asociación moderada entre la fuerza del suelo pélvico y la función sexual femenina, y la mayoría de los estudios de intervención incluidos observaron alguna mejoría tras trabajar esta musculatura. Los propios autores, sin embargo, advierten de que todavía existen estudios pequeños y protocolos muy diferentes entre sí. Puede consultarse aquí la revisión.
Otra revisión sistemática centrada específicamente en mujeres con disfunción sexual encontró también resultados favorables para el entrenamiento de la musculatura pélvica, aunque no permite convertir estos ejercicios en una solución universal para cualquier problema sexual. El trabajo fue publicado en American Journal of Obstetrics and Gynecology.
No siempre se trata de fortalecer
Aquí hay una cuestión importante que a veces se pierde cuando se habla de ejercicios de Kegel: un suelo pélvico saludable no es simplemente un suelo pélvico muy fuerte. Tiene que ser capaz de contraerse cuando hace falta, pero también de relajarse.
Una musculatura demasiado tensa o que no consigue relajarse correctamente puede asociarse a dolor pélvico, molestias durante la penetración y otros problemas. Por eso una mujer con dolor en las relaciones no debería partir automáticamente de la idea de que necesita hacer cientos de contracciones. En algunos casos el trabajo de fisioterapia irá precisamente dirigido a mejorar la relajación, la coordinación y el control muscular.
Esto es especialmente importante cuando existe dolor durante las relaciones sexuales. Los programas estudiados para la dispareunia suelen combinar contracción y relajación, y en muchos casos incluyen además fisioterapia manual, biofeedback u otras técnicas. Una revisión reciente encontró mucha variabilidad entre los protocolos utilizados, lo que demuestra que no existe una receta única válida para todas las mujeres. Ver revisión.
Embarazo y parto también pueden modificarlo
El embarazo y, especialmente, determinados partos pueden someter al suelo pélvico a una carga considerable. Después del nacimiento de un hijo algunas mujeres experimentan cambios en la continencia, en la sensación vaginal o en su respuesta sexual, aunque esto no ocurre de la misma forma en todas.
También aquí se ha investigado el entrenamiento del suelo pélvico. Un metaanálisis sobre mujeres después del parto encontró mejorías tanto en la función sexual como en la calidad de vida, aunque los estudios presentaban diferencias importantes en la forma de realizar los ejercicios. Puede consultarse el estudio aquí.
¿Y durante la menopausia?
La menopausia tampoco “estropea” por sí sola el suelo pélvico, pero el paso de los años, los cambios hormonales, los embarazos previos y otros factores pueden coincidir en esta etapa. Además, los cambios en los tejidos vaginales y genitourinarios pueden alterar la comodidad durante las relaciones sexuales.
En mujeres posmenopáusicas, una revisión publicada recientemente encontró que el entrenamiento del suelo pélvico podría mejorar especialmente el orgasmo, la excitación y la satisfacción sexual. La evidencia, sin embargo, sigue siendo heterogénea y fue mucho menos clara para la lubricación y el dolor. Ver revisión y metaanálisis.
Cuando además existe sequedad, irritación o cambios en la mucosa, conviene mirar el problema desde una perspectiva más amplia y valorar también la atrofia vaginal o síndrome genitourinario de la menopausia.
Ejercicios de Kegel: aprender a hacerlo bien
Los llamados ejercicios de Kegel consisten en aprender a contraer voluntariamente los músculos del suelo pélvico. Pueden resultar útiles, pero su eficacia depende mucho de que la mujer haya identificado correctamente la musculatura y no compense apretando glúteos, abdomen o piernas.
También existen ayudas para el entrenamiento, como conos, pesas vaginales o las conocidas bolas chinas utilizadas con finalidad terapéutica. No puede afirmarse que sean superiores a un buen programa de ejercicios, pero sí existen estudios sobre dispositivos intravaginales y pueden resultar útiles para algunas mujeres como ayuda para percibir la contracción o mantener una rutina de entrenamiento.
Lo razonable es no convertir ninguna herramienta en una solución milagrosa. Si existe dolor, sensación de peso, pérdidas importantes de orina, dificultad para realizar los ejercicios o sospecha de prolapso, una valoración por fisioterapia especializada en suelo pélvico puede ahorrar mucho tiempo y evitar ejercicios inadecuados.
Un suelo pélvico funcional puede ayudar, pero el sexo es mucho más
El artículo antiguo resumía la cuestión diciendo que “un suelo pélvico fuerte produce relaciones sexuales potentes”. Hoy podemos explicarlo mejor. Un suelo pélvico que funciona bien puede contribuir a una respuesta sexual satisfactoria, pero deseo, excitación, lubricación, orgasmo y placer dependen también de hormonas, sistema nervioso, estado emocional, relación de pareja, medicamentos, dolor, salud general y muchos otros factores.
Fortalecer o rehabilitar esta zona puede ser una pieza importante cuando existe un problema, pero no debemos cargar sobre esos músculos toda la responsabilidad de la vida sexual de una mujer. El objetivo no es tener el suelo pélvico “más fuerte posible”, sino conseguir que sea capaz de hacer bien su trabajo: sostener, contraerse y también relajarse cuando corresponde.
Fuentes y lecturas de interés
- Investigating the role of the pelvic floor muscles in sexual function and sexual response. Revisión sistemática y metaanálisis sobre musculatura pélvica y respuesta sexual femenina.
- Pelvic floor muscle training as treatment for female sexual dysfunction. Revisión sistemática y metaanálisis publicada en 2024.
- Effects of pelvic floor muscle training on sexual function of postmenopausal women. Revisión sistemática y metaanálisis en mujeres posmenopáusicas.
- Effect of pelvic floor muscle training on postpartum sexual function and quality of life. Revisión y metaanálisis sobre entrenamiento después del parto.
- Pelvic floor muscle training prescribed to women with dyspareunia. Revisión de los diferentes protocolos empleados en mujeres con dolor y disfunción sexual.
- Pelvic floor muscle training improves erectile dysfunction and premature ejaculation. Revisión sobre suelo pélvico y función sexual masculina.
Este contenido tiene finalidad divulgativa y no sustituye una valoración médica o fisioterapéutica individual. Un suelo pélvico débil y uno excesivamente tenso pueden producir problemas diferentes, por lo que el ejercicio adecuado depende de cada situación.
Sobre la autora
Beatriz es directora de contenido de Línea y Salud. Desde hace años trabaja en divulgación sobre salud, nutrición y bienestar con un enfoque claro, práctico y pensado para lectores no especializados.


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